Jaqueline tiene 23 años, es casada y tiene una hija. Vive en São
Paulo, en un garaje, de favor, y su renta familiar mensual es de
R$ 680,00. Posee tarjeta de crédito y es con ella que paga parte de los
gastos del mes. Como vive alejada de grandes avenidas, hace las
compras para la casa en el comercio de la región. Su sueño es mejorar su casa.
Quiere hacer facultad, trabajar y dar una vida mejor para la hija de
un año. Jaqueline es una típica representante de la nueva clase media brasileña.
Ella hace parte de un segmento de la población con 120 millones de personas
que poseen renta mensual entre uno y tres sueldos mínimos y está llena de
proyectos y sueños. Fue desafiado por ese gigantesco potencial de consumo
que IBOPE Inteligencia y Troiano Consultoría de Marca realizaron un
estudio inédito en Brasil: El Consumo Popular y las Marcas – construyendoconfianza para generar valor. Según Paula Sória, directora de Atención
y Planificación de IBOPE Inteligencia, muchas encuestas habían sido
hechas a respecto del consumidor popular, pero la empresa deseaba ir además.
“Queríamos entender lo que hace ese público tener confianza en determinadas
marcas”, explica la ejecutiva.
El estudio fue encomendado por el grupo Meio e Mensagem y contó con el subsidio de Losango, McDonald’s,
Schincariol y Vivo. Fueron investigadas 64 marcas de los sectores
de actuación de las organizaciones que apoyaron la encuesta a través de 3.003
entrevistas en nueve regiones metropolitanas del País, con
hombres y mujeres de 18 a 59 años, de renta familiar mensual
variando de uno a tres sueldos mínimos. Además del abordaje
cuantitativa, fueron realizadas 20 vivencias etnográficas.
RESULTADO DEL ESTUDIO
De acuerdo con la recolección, que verificó la confianza del consumidor
popular como factor de éxito para las marcas, son pocas las empresas que
consiguen alcanzar ese nivel. La encuesta indica, aún, que, de todas las
marcas investigadas, solamente dos consiguieron los mayores Índices de Confianza
(IC) – arriba de 60.
Otra conclusión de la encuesta es la
de la resistencia de las clases populares
en comprar productos de cualidad
inferior. Para ellas, vale la pena pagar más
en cambio de cualidad. “No sirve
desvalijar el producto. Ese consumidor
no se permite equivocarse, porque no puede
comprar la misma mercadería dos
veces”, comenta Paula.
El estudio constató, también, que,
para el consumidor popular, las marcas
son aliadas en el proyecto de deseo.
“Percibimos que las marcas que tienen los
índices de confianza más elevados son
aquellas que consiguen aproximarse del
ideal de ese público”, explica Paula.
La vivencia etnográfica del estudio
permitió percibir que el consumidor
popular proyecta un futuro muy
optimista para él y para su
familia. Aunque alrededor de 70% de los
entrevistados hayan declarado que tienen
deudas y 58% están más endeudados
que hace dos años, ellos se ven en una
circunstancia mejor de la que sus
padres y delinean un mañana aún mejor
para sus hijos.
LAS EMPRESAS Y EL CONSUMO POPULAR
El aumento es la mejor distribución
de la renta y el crecimiento del mercado
formal de trabajo, aliados a la facilidad
de acceso al crédito, posibilitan que
una vasta parte de la población va a las
compras. Según datos del Instituto
Brasileiro de Geografia e Estatística
(IBGE) y de la Fundação Getúlio Vargas, la
clase media representa hoy 52% de la
población brasileña. En los últimos diez
años, alrededor de 20 millones de brasileños
salieron de la base para el medio de la pirámide
social. Un fenómeno que genera innúmeras
posibilidades de nuevos negocios, pero
exige estrategia específica. “Es necesario
tener mucha atención para evitar la
generalización, no ofreciendo productos
iguales a los de la clase AB”, asegura arcel Sacco,
director de
marketing del
grupo Schincariol,
empresa del segmento
de bebidas.
“La gran ventaja de
Schincariol es que ella nació basada
en el consumo popular”, evalúa.
Según el ejecutivo, la organización,
que cumplirá 70 años en 2009,
llegó como alternativa a las marcas
multinacionales y, actualmente, tiene
70% de sus ventas direccionadas
para esos consumidores.
Para 2009, la empresa quiere que
ese índice sea todavía mayor. Para
eso, ya adoptó acciones que buscan
intensificar la presencia de sus
productos en las clases populares,
principalmente en los segmentos de
jugo y agua. En la línea de bebida
mixta, por ejemplo, en la cual actúa con
la marca Skinka, fueron lanzados nuevos
sabores y embalajes. “Ampliamos el
abanico de ofertas para permitir que el
consumidor llegue hasta el producto”,
explica el ejecutivo. Los refrescos
ganaron sabores que antes eran
comercializados solamente en lata y
ahora están disponibles también en
botella pet de dos litros.
En el segmento financiero, la opción
por el consumidor popular se dio
más recientemente. La motivación fue
justamente la creación de un contexto
económico estable con reflejos
positivos en el día a día de la población.
Para el grupo HSBC, que controla
desde 2003 la Losango, empresa de
financiamiento al consumo, el público
de baja renta ya representa 30%
de la base total de clientes, según
Marcelo Velloso, director de Marketing
de la empresa.
Losango es responsable por
importante parte del proceso
de “entrar en el mundo de los bancos” de la población
brasileña, permitiendo el acceso del
ciudadano a los servicios financieros y,
consecuentemente, al consumo.
Actualmente, la empresa posee 500 mil
cuentas populares abiertas y una
cuenta de ahorros que ofrece tarjeta de
débito para movimiento financiero.
Con los ojos puestos en las peculiaridades del
segmento, Losango posee una
estrategia propia de abordaje.
De acuerdo con la gerente de Marketing
de la empresa, Janaína Souza, la amplia
capilaridad de la red Losango va al
encuentro de una característica específica
de esa clase social: el consumo es realizado
próximo al trabajo o a casa. Además,
la estrategia de comunicación lleva en
cuenta uno de los mayores valores para ese
público: la familia. |
ÍNDICE DE CONFIANZA
Partiendo del principio de que antes
de alcanzar el “bolsillo” del consumidor es
necesario conquistar su confianza, IBOPE
Inteligencia y Troiano Consultoría de
Marca desarrollaron una herramienta que
propone un nuevo parámetro de aceptación
de las marcas, el Índice de Confianza (IC).
Él posibilita ver fuerzas, debilidades y
desempeño de la marca, siempre delante de la
competencia. Partiendo de una escala de
cero a 100, el Índice de Confianza identifica
como está la relación de confianza entre
marca y público. Para eso, él parte de
seis dimensiones, cuyo peso es definido
por los propios entrevistados: marca,
producto, distribución, atención, precio
y comunicación. Según Paula Sória,
directora de Atención y Planificación
de IBOPE Inteligencia, fue en esa primera
experiencia con el consumo popular que el
producto Índice de Confianza fue validado
y, ahora, está listo para ser aplicado en
varios segmentos, servicios y productos de
consumo, así como en los diversos
extractos de la población. “La herramienta
posee un alto grado de adecuación”,
explica la ejecutiva. |