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“Vale la pena, por medio de encuestas, identificar cambios en el estándar de consumo de la población”

Paulo Paiva

LA NUEVA FAMILIA BRASILEÑA

En pleno proceso de transición demográfica, la sociedad brasileña gana nuevos contornos, que imponen desafíos principalmente al gobierno

La baja de la fecundidad de la población brasileña viene ocasionando cambios en la estructura de nivel de edad del país, que experimenta un retroceso de la proporción de niños y jóvenes y consecuentemente, del número promedio de hijos por familia. Ese cambio tiene impactos significativos sobre la sociedad, pero también, sobre la economía.

Es lo que explica el presidente del Banco de Desarrollo de Minas Gerais (BDMG), máster en demografía, de la Universidad de Pensilvania (EUA) y profesor jubilado del Centro de Desarrollo y Planificación Regional de la Universidad Federal de Minas Gerais, Paulo Paiva. En esta entrevista, él habla sobre las consecuencias del envejecimiento de la población y los desafíos a ser enfrentados por la sociedad y por el gobierno.

Giro: Entre 1997 y 2007, el crecimiento del número de ancianos en Brasil representó más del doble del crecimiento total de la población: 47,8% ante el 21,6%.
¿Cuáles son los principales desafíos a ser enfrentados?
Paulo Paiva: Con el descenso de la tasa de fecundidad, las familias están menores, sin embargo, con la misma renta familiar y el mismo estándar de preferencias, haciendo que la tendencia sea, la de ahorrar más. Elevado el ahorro del país, hay más inversión y crecimiento económico. Familias menores también tienen mayor disposición para invertir en la educación de los hijos, que da como resultado un aumento de productividad.
Al mismo tiempo, como el fenómeno de la fecundidad no es homogéneo entre los segmentos de la población, lo que en inicio indica aumento en la distribución de la renta después tiende a reducirse con la universalización del padrón de familia pequeña.

En este sentido, uno de los grandes desafíos es el de la oferta de escuelas con calidad para todos.

Giro: ¿Qué otras áreas deben recibir atención del gobierno para garantizar un proceso de transición demográfica adecuado?
P.P.: El proceso de transición demográfica puede ser dividido en tres etapas. En la primera de ellas, que Brasil pasó entre los años sesenta y la primera mitad de los setenta del siglo 20, descenso de la mortalidad infantil, cuyo resultado es semejante al del aumento de la fecundidad. Sobreviven más niños después del primer año de vida, crece la proporción de niños y jóvenes y, consecuentemente, la razón de dependencia, es decir, comienzan a existir más dependientes por persona económicamente activa. En la segunda etapa, en la que Brasil se encuentra, la baja de la fecundidad se torna acelerada, con la reducción relativa de jóvenes y consecuente disminución de la razón de dependencia. Esa etapa ha sido llamada de “bono demográfico” o “ventana de oportunidades”. En la tercera etapa, por la cual Brasil deberá pasar aproximadamente el 2020, la participación relativa de la población de ancianos aumenta más rápidamente. Es en ese momento que el envejecimiento de la población es más rápido, aumentando la razón de dependencia, así como en la primera etapa. Un hecho importante es que la probabilidad de sobrevivencia a partir de los cincuenta años, también crece, en razón de la queda de la mortalidad. Las personas aumentarán el período de inactividad con relación al período de contribución productiva. El proceso de transición demográfica, aunque no sea “natural”, tiene su tiempo propio y difícilmente podrá ser alterado por políticas públicas. Incluso así, la atención mayor del gobierno debe estar orientada, además de las áreas de salud de la mujer y de educación, para la reducción de la pobreza y la promoción de la inclusión social y para el tema de la seguridad social.

Giro: ¿Qué oportunidades económicas y para la sociedad pueden ser vislumbradas a partir del “bono demográfico”?
P.P.:
En la segunda etapa de la transición demográfica, un país puede aprovechar adecuadamente esos cambios para estimular el crecimiento. De hecho, el aprovechamiento sería mayor si eso hubiese sido planificado en el pasado. La principal oportunidad está en el mercado de trabajo: utilizar el potencial de producción cuando hay más trabajadores por consumidores. Lamentablemente, la realidad no siempre es favorable. Algunas cuestiones que impiden ese aprovechamiento, pasan por la baja grado de instrucción escolar de las personas que ingresan o ya están en el mercado de trabajo; relativa baja participación de mujeres en el mercado de trabajo y amplia parte de la mano de obra incluida en el sector informal de la economía.
Otras oportunidades se refieren a las políticas sociales: la reducción del ritmo de entrada de niños en las escuelas hace caer la necesidad de abrir nuevas instituciones de enseñanza en el ritmo anterior. De esta manera, se puede invertir más en la calidad de enseñanza. Mantenido el crecimiento de la economía y de los ingresos tributarios, es posible promover cambios en la estructura de los gastos públicos, con la finalidad de programas de inclusión social y de innovación tecnológica.

Giro: ¿Usted cree que las empresas deberán cambiar sus estrategias de negocios en función de esa nueva dinámica poblacional?
P.P.:
Creo que vale la pena, por medio de encuestas, identificar cambios en el estándar de consumo de la población. Ciertamente, cada vez más, surgirán oportunidades para el mercado de productos dirigidos a la tercera edad y mayor diversificación y demanda por productos más sofisticados para el segmento más joven de la población. Pienso también que crece el segmento de domicilios individuales, ya que los ancianos vivirán por más tiempo.

Giro: ¿Cuál es la importancia de la encuesta en la comprensión de ese proceso de transición de la población brasileña?
P.P.:
La encuesta es fundamental para la comprensión de los procesos de cambios y las interrelaciones entre alteraciones demográficas, crecimiento económico y modificaciones económicas. Entiendo que actualmente deben ser realizados esfuerzos para entender mejor los impactos de la tercera etapa (envejecimiento rápido de la población) sobre la política fiscal (Seguridad Social, salud, seguridad privada, equilibrio fiscal), sobre los mecanismos de transferencia intergeneracional de renta, así como sobre el consumo de los ancianos.

El ejecutivo Paulo Paiva, máster en demografía, evalúa las consecuencias del envejecimiento de la población brasileña

 

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